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Pinotello

No soy lo que sé, ni lo que pienso, ni lo que digo.
Soy lo que hago. He ido siendo, lo que he ido haciendo.
Estoy creando esculturas. Por tanto, estoy siendo escultor.
Pero siempre he estado creando.
Alberto Pinotello

Semblanza

Septiembre de 2026 es el tercer momento coyuntural en la vida de Alberto Pinotello. Termina la escultura monumental en mármol negro “Ballena Jorobada”, perteneciente a la serie escultórica “RenaSeres”, y decide continuar su práctica artística de manera profesional y de por vida.

Dos años y medio antes, en un segundo momento, deja, después de 35 años, su trayectoria como creador de software —con 12 derechos de autor y 4 empresas tecnológicas fundadas— para dedicarse al 100 % al arte y a la escultura.

El primer momento fue en 2021, cuando arriban a su terreno frente a la presa Santa Catarina, en Querétaro, dos bloques de mármol negro de 105 toneladas que componen la ballena que aguardaba en las entrañas de un monolito de 400 toneladas, cuya búsqueda y extracción comenzó con un lustro de antelación. Con ese par de bloques inician operaciones en su taller escultórico, con apenas herramientas básicas y una voluntad creativa irreductible.

Agradecimientos

Este proyecto ha superado grandes desafíos humanos, técnicos y financieros, gracias a personas que mostraron acompañamiento y apoyo de muy diversas maneras.

A ese par de amigos generosos que han ayudado incluso cuando aún no se les pedía: Martín Orozco y Moisés Zecua.

A esos amigos y familiares con respuesta de ayuda inmediata: Francisco Gándara, Enrique Martínez, Raúl Tello y varios más.

A los que brindan honesta dedicación y esfuerzo en el taller.
A los que permanecen: Pablo Velázquez, Fernando Hernández y Álvaro Jiménez.
A los que estuvieron: Jesús Nonato, Antonio Aguilar y Pedro Velázquez.

Y a esas personas que con amor y apoyo incondicional dan sentido a mi vida.
A mis hij@s Natalie y Alberto. A mis hermanas Rocío, Sonia, Mireya, Elizabeth y Nancy. A mis querid@s sobrin@s. A Alberto Garrido, mi sobrino, que en vida y aún hoy es una motivación latente. A mi madre Oti, que me enseñó a trabajar honesta e incansablemente. A Teto, mi padre, que me enseñó a ver animales, lo mismo en migajón o papel aluminio, que en residuos de cemento.

A Jorge de Santiago, quien en vida visitaba mi taller para compartir amistad y enseñanzas.
Por último, a mis maestros: de escultura, David Kestebaum y Yoshi Yoshikawa; de grabado, Marisa Boullosa, y de dibujo y pintura, Tanya Broklman.

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